En los primeros cinco meses del año, la molienda de girasol alcanzó un pico sin precedentes en dos décadas y media. Las 2,3 millones de toneladas procesadas representan el nivel más alto registrado desde el año 2000, posicionando a este cultivo en un lugar central del sector oleaginoso.
Este desempeño extraordinario del girasol contrasta con la evolución opuesta de la soja, que registró su volumen de molienda más bajo de los últimos tres años. La brecha entre ambos cultivos revela transformaciones profundas en la estructura del complejo agroindustrial nacional.
La magnitud de los números es elocuente: 2,3 millones de toneladas de girasol procesado es un volumen que requiere de capacidad industrial significativa, infraestructura logística robusta y una cadena de suministro eficiente. Este nivel de actividad no es casualidad, sino el resultado de decisiones de inversión tomadas por industriales basadas en señales del mercado.
Por el lado de la soja, la contracción es igual de notoria. Un descenso a niveles de tres años atrás sugiere tanto factores de oferta (menor disponibilidad de grano) como de demanda (cambios en preferencias del mercado internacional).
Estos movimientos generan efectos cascada en toda la economía agrícola. Productores evalúan qué sembrar considerando rentabilidad relativa, industriales ajustan su capacidad de procesamiento, y trabajadores del sector sienten el impacto de estos cambios en actividad y empleo.
El girasol ha dejado de ser un cultivo marginal para convertirse en un eje importante de la actividad oleaginosa. Si bien es prematuro hablar de un cambio permanente, los números de los primeros cinco meses del año sugieren una reconfiguración significativa en el mapa de prioridades del complejo.
Imagen: Zeynature / Pexels – Con informacion de Clarín Rural


Deja una respuesta