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Depredadores salvajes amenazan la viabilidad de granjas y campos

Los pumas protagonizan una ola de ataques contra el ganado que está llevando al colapso economías rurales enteras. Ovejas, terneros y burros caen diariamente bajo el embate de estos felinos, generando una crisis sin precedentes en el sector ganadero argentino.

La frecuencia de los ataques es tal que muchos productores hablan de cifras catastróficas. Rodeos que hace poco tiempo eran rentables hoy quedan reducidos a mínimas expresiones, con algunos criadores perdiendo prácticamente la totalidad de sus animales. Esta realidad ha llevado a ganaderos a replantear fundamentalmente sus modelos de negocio.

La respuesta más inmediata ha sido la construcción de infraestructuras defensivas. Jaulas, cercas especializadas y sistemas de protección se multiplican en campos donde antes no eran necesarios. Estas inversiones, aunque indispensables para salvaguardar lo que queda de los rodeos, representan un costo significativo que muchos productores no pueden afrontar.

Frente a esta situación insostenible, la decisión de abandonar la ganadería gana terreno entre criadores que ven cómo sus márgenes se erosionan. La pregunta que se replantean es si vale la pena invertir en protección y seguir expuesto a pérdidas o simplemente dejar atrás una actividad que se vuelve cada vez menos redituable.

El conflicto subyace en la coexistencia de fauna silvestre y producción ganadera en espacios compartidos. Los depredadores, siguiendo su naturaleza, encuentran en el ganado doméstico una alternativa de alimentación, generando un ciclo de depredación que parece acelerase sin control.

Los ganaderos necesitan respuestas que trasciendan lo paliativo. Se requieren soluciones que consideren tanto la protección efectiva del ganado como la viabilidad económica del sector rural, permitiendo que estas actividades tradicionales puedan prosperar nuevamente.

Imagen: Alice Kotlyarenko / Unsplash – Con informacion de Clarín Rural

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